Sobajeando el friso... (lo malo es que no pedî nada)
Valdštejnská zahrada

Estalactitas del Valdštejnská zahrada

Valdštejnská zahrada

Ella, la car'e botella

Museo de la tortura



Detalle del Pražský orloj


Pražský orloj

Dando la hora en el Pražský orloj

Krtek!!!

Krtek!!!

Vista del Karluv Most... musha gente!

Tienda de juguetes tîpicos de la Chequia

Vista desde la torre de Starometske radnice

Vista desde la torre de Starometske radnice

La torre de Starometske radnice

Vista desde la torre de Starometske radnice, Iglesia de Tyn

Vista desde la torre de Starometske radnice, el Palacio Real.

detalle de la torre de Starometske radnice

torre de Starometske radnice

Starometske Namesti, desde la torre

Starometske Namesti, iglesia de Tyn

Obecnî Dum (municipalidad de Praha)

Náměstí Republiky

Náměstí Republiky

Vista del rîo Vltava

Karluv most

Vista en sepia desde el Karluv most

Palacio real, Karluv Most

Hombre mirando al sudeste

Detalle de un arco del Namesti Republiky
Praha... un dulce susurrar en mi oîdo, una canciôn de despedida eterna, psicomagia pura y constante. A todos aquellos que estàn a diario en mis pensamientos me los traje a Praha conmigo y los sacudo por las magnanas para que no se me oxiden los recuerdos...
Sin embargo, en el camino he encontrado a personas que de a poco han ido ocupando un lugar en el baùl de mis tesoros. Como Saena y Seb.
Esta ciudad es un misterio. Y un descubrimiento. Acà los miles de agnos de historia pesan. Las calles, las iglesias, la gente, todo contiene un relato infinito que deseo saber. Hoy me levanté a las 7.30 am –sî, a esa hora, aunque no me lo crean- y salî a caminar. Con Anastasya decidimos recorrer el centro de la ciudad vieja, caminata en la que se nos uniô una chica de Japôn. En la Stare Mesto la sensaciôn de que el tiempo està detenido es aùn màs fuerte: las calles estrechas y los locales pequegnos, uno al lado del otro, se confunden con los miles de turistas que recorren la ciudad dîa a dîa. A veces es un poco agobiante esto de estar en la “ciudad màs bella de Europa”. Casi no he conocido gente de acà: todos hablan en italiano, francés o inglés. Hasta cierto punto es tolerable, pero después de tres horas caminando sin encontrar a un sôlo “nativo” de Praga se pone desesperante.
La primera parada en la Stare Mesto fue la Staromestske Namesti, algo asî como la plaza de armas de la Praha vieja. Entramos a la torre del ayuntamiento de la Ciudad Vieja (Starometske radnice) y subimos hasta lo alto, desde donde tuvimos una vista privilegiada de toda Praha. Como los turistas en general son medios huevones cuando andan en pigno no se dieron cuenta de que podîan subir a la torre, por lo que fuimos sôlo unos pocos los que atinamos a tomar el ascensor. No sin antes pagar nuestra entrada de 60 coronas (algo asî como 1500 pesos), que es màs o menos el precio de entradas de los museos y lugares histôricos aquî en Praha. Cômo les explico la maravillosa vista que tenîamos... desde ahî pudimos ver hasta el ûltimo rincôn de esta ciudad, las innunmerables iglesias y catedrales, la estaciôn de trenes, en fin, todo. Buen dato para quienes tengan la oportunidad de venir algùn dîa...
En esa misma torre que subimos, pero por fuera, està el Reloj astronômico (Pražský orloj), que toca las campanas cuando da la hora, lo que constituye un espectàculo en si mismo. Resulta que este relojito es uno de los atractivos màs conocidos de Praga; tanto es asî, que cuando iba pasando por ahî era mediodîa y no entendîa por quê tanto turista baboso estaba pegado mirando hacia arriba. Cuando sentî las primeras campanadas comprendî el significado de tanta expectaciôn: resulta que el famoso relojito da la hora con los doce apôstoles, la muerte, la vanidad, la avaricia y la lujuria. Le faltan los puros fuegos artificiales y es agno nuevo.
Cuenta la historia que este reloj estâ compuesto por una esfera superior (signos del zodíaco) y una esfera inferior (reloj calendario). Cada vez que el reloj marca las horas, asoma primero la figura de La Muerte en forma de esqueleto. Se abren entonces dos ventanas y aparecen las imágenes de los 12 apóstoles encabezadas por San Pedro, con una llave dorada en la mano, y al final San Pablo con una espada y una pluma. Un gallo canta y el reloj marca la hora. Las otras figuras animadas son El Turco, símbolo de la lujuria, que sacude la cabeza de lado a lado; La Vanidad, que se mira en un espejo, y La Avaricia, representada por un mercader con su bolsa.
Entre tanta iglesia y catedral para visitar, es bueno darse una vuelta por los museos de Praha. Los alternativos eso sî, como el museo del Sexo –que no visité porque estaba carita la entrada-, el museo del Comunismo –que no visité por falta de tiempo- y el museo de la tortura, que sî visité porque estaba de pelos... entre las torturas sadomaso y las otras no tan erôticas, Anastasya y yo quedamos un poco shockeadas, porque cada uno de los instrumentos venîa acompagnado de un manual de uso. Ups.
En fin. Después de visitar ese antro de perdiciôn partimos a cruzar el puente, como todo buen turista debe hacer. El Karluv Most tiene tanta onda que por supuesto, estaba lleno de turistas sacàndose fotos con las esculturas y estatuas. Ah! Y si uno pasa por ahî, TIENE que frotar uno de los frisos de alguna escultura, porque dicen que cumple los deseos. Algo asî como la pulsera de los siete poderes o la camisa de once varas, una especie de “medallita de la virtù”. Sôlo que en vez de arrojar monedas, tienes que sobajear el friso.
Y bueh. El puente no se cayô, lo crucé y llegué a la Mala Strana. De ahî nos devolvimos por unas calles aledagnas al puente y fuimos a dar al Jardin de Valdštejnská zahrada, un parque que està en el barrio Josefov, medio escondido de la masa turista. Resulta que este jardîn pertenece al Palacio Real y por aquî se paseaba Carlitos (Karl), el rey màs venerado de la Repûblica Checa. Acâ ademâs hay un muro gigante de estalactitas artificiales, que miràndolas detenidamente parecen espîritus tragados por la pared... da un poco de susto.
El broche de oro de hoy: encontrarme con Krtek, de tamagno natural, en plena calle. Cuando lo vi, casi me voy de culo por enésima vez en el dîa. Por qué? Porque cuando era pequegnita, cuando tenîa como siete u ocho agnos, mi tîa Pachi (con quien vivo ahora en Parîs) me enviô desde Checoslovaquia un puzzle para nignos... de Krtek!!
Cuando vi al famoso mono en la calle pegué el medio grito: PERO SI ES EL MONO DEL PUZZLEEEE!!!!! El pobre checo que estaba dentro del mono casi se muriô del susto. En fin, Krtek en checo significa "topo" y el Krtek de mis suegnos fue creado por Zdenek Miller en los años 50. Eran unos monitos animados, algo asî como el Bugs bunny de los comunistas...
A bientôt!

Karluv most

Vista en sepia desde el Karluv most

Palacio real, Karluv Most

Hombre mirando al sudeste

Detalle de un arco del Namesti Republiky
Praha... un dulce susurrar en mi oîdo, una canciôn de despedida eterna, psicomagia pura y constante. A todos aquellos que estàn a diario en mis pensamientos me los traje a Praha conmigo y los sacudo por las magnanas para que no se me oxiden los recuerdos...
Sin embargo, en el camino he encontrado a personas que de a poco han ido ocupando un lugar en el baùl de mis tesoros. Como Saena y Seb.
Esta ciudad es un misterio. Y un descubrimiento. Acà los miles de agnos de historia pesan. Las calles, las iglesias, la gente, todo contiene un relato infinito que deseo saber. Hoy me levanté a las 7.30 am –sî, a esa hora, aunque no me lo crean- y salî a caminar. Con Anastasya decidimos recorrer el centro de la ciudad vieja, caminata en la que se nos uniô una chica de Japôn. En la Stare Mesto la sensaciôn de que el tiempo està detenido es aùn màs fuerte: las calles estrechas y los locales pequegnos, uno al lado del otro, se confunden con los miles de turistas que recorren la ciudad dîa a dîa. A veces es un poco agobiante esto de estar en la “ciudad màs bella de Europa”. Casi no he conocido gente de acà: todos hablan en italiano, francés o inglés. Hasta cierto punto es tolerable, pero después de tres horas caminando sin encontrar a un sôlo “nativo” de Praga se pone desesperante.
La primera parada en la Stare Mesto fue la Staromestske Namesti, algo asî como la plaza de armas de la Praha vieja. Entramos a la torre del ayuntamiento de la Ciudad Vieja (Starometske radnice) y subimos hasta lo alto, desde donde tuvimos una vista privilegiada de toda Praha. Como los turistas en general son medios huevones cuando andan en pigno no se dieron cuenta de que podîan subir a la torre, por lo que fuimos sôlo unos pocos los que atinamos a tomar el ascensor. No sin antes pagar nuestra entrada de 60 coronas (algo asî como 1500 pesos), que es màs o menos el precio de entradas de los museos y lugares histôricos aquî en Praha. Cômo les explico la maravillosa vista que tenîamos... desde ahî pudimos ver hasta el ûltimo rincôn de esta ciudad, las innunmerables iglesias y catedrales, la estaciôn de trenes, en fin, todo. Buen dato para quienes tengan la oportunidad de venir algùn dîa...
En esa misma torre que subimos, pero por fuera, està el Reloj astronômico (Pražský orloj), que toca las campanas cuando da la hora, lo que constituye un espectàculo en si mismo. Resulta que este relojito es uno de los atractivos màs conocidos de Praga; tanto es asî, que cuando iba pasando por ahî era mediodîa y no entendîa por quê tanto turista baboso estaba pegado mirando hacia arriba. Cuando sentî las primeras campanadas comprendî el significado de tanta expectaciôn: resulta que el famoso relojito da la hora con los doce apôstoles, la muerte, la vanidad, la avaricia y la lujuria. Le faltan los puros fuegos artificiales y es agno nuevo.
Cuenta la historia que este reloj estâ compuesto por una esfera superior (signos del zodíaco) y una esfera inferior (reloj calendario). Cada vez que el reloj marca las horas, asoma primero la figura de La Muerte en forma de esqueleto. Se abren entonces dos ventanas y aparecen las imágenes de los 12 apóstoles encabezadas por San Pedro, con una llave dorada en la mano, y al final San Pablo con una espada y una pluma. Un gallo canta y el reloj marca la hora. Las otras figuras animadas son El Turco, símbolo de la lujuria, que sacude la cabeza de lado a lado; La Vanidad, que se mira en un espejo, y La Avaricia, representada por un mercader con su bolsa.
Entre tanta iglesia y catedral para visitar, es bueno darse una vuelta por los museos de Praha. Los alternativos eso sî, como el museo del Sexo –que no visité porque estaba carita la entrada-, el museo del Comunismo –que no visité por falta de tiempo- y el museo de la tortura, que sî visité porque estaba de pelos... entre las torturas sadomaso y las otras no tan erôticas, Anastasya y yo quedamos un poco shockeadas, porque cada uno de los instrumentos venîa acompagnado de un manual de uso. Ups.
En fin. Después de visitar ese antro de perdiciôn partimos a cruzar el puente, como todo buen turista debe hacer. El Karluv Most tiene tanta onda que por supuesto, estaba lleno de turistas sacàndose fotos con las esculturas y estatuas. Ah! Y si uno pasa por ahî, TIENE que frotar uno de los frisos de alguna escultura, porque dicen que cumple los deseos. Algo asî como la pulsera de los siete poderes o la camisa de once varas, una especie de “medallita de la virtù”. Sôlo que en vez de arrojar monedas, tienes que sobajear el friso.
Y bueh. El puente no se cayô, lo crucé y llegué a la Mala Strana. De ahî nos devolvimos por unas calles aledagnas al puente y fuimos a dar al Jardin de Valdštejnská zahrada, un parque que està en el barrio Josefov, medio escondido de la masa turista. Resulta que este jardîn pertenece al Palacio Real y por aquî se paseaba Carlitos (Karl), el rey màs venerado de la Repûblica Checa. Acâ ademâs hay un muro gigante de estalactitas artificiales, que miràndolas detenidamente parecen espîritus tragados por la pared... da un poco de susto.
El broche de oro de hoy: encontrarme con Krtek, de tamagno natural, en plena calle. Cuando lo vi, casi me voy de culo por enésima vez en el dîa. Por qué? Porque cuando era pequegnita, cuando tenîa como siete u ocho agnos, mi tîa Pachi (con quien vivo ahora en Parîs) me enviô desde Checoslovaquia un puzzle para nignos... de Krtek!!
Cuando vi al famoso mono en la calle pegué el medio grito: PERO SI ES EL MONO DEL PUZZLEEEE!!!!! El pobre checo que estaba dentro del mono casi se muriô del susto. En fin, Krtek en checo significa "topo" y el Krtek de mis suegnos fue creado por Zdenek Miller en los años 50. Eran unos monitos animados, algo asî como el Bugs bunny de los comunistas...
A bientôt!
2 comments:
Maia, aca va mi posteo pa q no digas q soy ingrato... me encanto lo del relojito q da la hora y da jugo con sus figuritas... estupeeeeeeeeeeeeendo!!! Lo anotare en mi bitacora para cuando vaya algun dia... Perdon x lo poco pero estoy un poco atareado (con la pega, aclaro) asi q te mando un beso del porte de una virgencita polaca (de amigos, no frances, aclaro una vez mas). Reññiau, maya. Bye.
¡Que lindos los juguetes!
¡Yo quiero uno!
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