29 August 2006

Praha: primera parte


Anastasya y barbazotea de un cafe praguensecaminando por prahael hermano chico del ladahlavi nadrazi 2hola guapa
Momento de SolazKostel sv. Ludmily 2Kostel sv. Ludmily.0las interminables escaleras del metro de Prahamuseo nacionalNarodni Museum
Narodni muzeumtypical czech foodvaclavske namestivista desde mi ventana

Praha, a set on Flickr.

Uf.

Cômo puedo hablar de esta ciudad sin decir que es hermosa? cômo puedo describirla sin mencionar a Valparaîso (mi amor)? Ambas ciudades estàn detenidas en el tiempo, ambas rebosan historias de cientos de agnos... ambas tienen rincones para amar y para llorar, ambas te despiden con canciones en un puente y con calles empedradas. Me enamoré también de Praha, como estoy de Valparaîso: con locura, con agnoranza, con dolor de no estar ahî... sin embargo, tengo memorizado cada centîmetro de mis dos amores, como quien memoriza con la yema de los dedos cada rincôn del ser amado...

Llegié a Praha el lunes 14 de agosto a las 8.30 de la magnana. Me bajé del bus y me sentî como en los agnos ochenta: acà todo funciona a un ritmo distinto, incluyendo el ritmo del occidente europeo. Pensé para mis adentros que, una vez metida en el "tete" no podîa echarme atràs. Asî es que agarré mi mochila y partî, con las indicaciones de cômo llegar al hostal donde dormirîa en la mano.

Primer choque cultural: el bus me dejô justo en una estaciôn de metro, asî es que me ubiqué al tiro en el mapa de la estaciôn. Sin embargo, como no sabîa cuâl era el cambio de euros a coronas checas (1 euro= 28 coronas), cuando saquê plata del cajero me tirô un billete de mil coronas. Ups. Me hablé nuevamente y me dije que, con un par de palabras en ruso quizàs podîa hacer que me vendieran un boleto de metro. Craso error. Cuando quise comprar un ticket de metro, la vendedora no sôlo no hablaba inglês ni ruso: me mirô con odio cuando le pasê el billete de mil coronas para comprar un boleto que cuesta sôlo 14. Acto seguido, me mostrô la calculadora con la cifra (14 coronas), mientras me expresaba su enojo en checo...
Pero la suerte de los viajeros -màs grande aûn si uno es sagitario, el signo zodiacal de los viajeros- me hizo un favor. Al lado mîo habîa una pareja de franceses que venîan en el mismo bus que yo, quienes al ver la situaciôn embarazosa (que rara palabra, no?) me miraron con cara de empatîa y me pasaron una moneda de 20 coronas. Al fin, pude comprar el famoso boleto para irme al famoso hostal y descansar un poco. Ademàs, tenîa que dibujarme de nuevo cierta parte...

El metro de Praha es al revés. De partida, las escaleras mecànicas son eternas y empinadas -casi me fui de hoci con la mochila que llevaba- y las plataformas estàn al medio de los dos trenes, no como en Santiago, que estàn a cada lado. Y estoy casi segura que la construcciôn data de los agnos setenta u ochenta: el socialismo real se respira en la arquitectura.

Mientras iba en el metro pensaba: ahora deberîan empezar a aparecer las maravillas checas de las que tanto se habla en occidente. Esperé y esperé... pero nada. Ni un chequito rico, menos una checa guapa. En fin, dije, màs tarde quizàs veo algo. Llegué a la estaciôn I.P. Pavlova, donde estaba mi hostal; salî del metro y de nuevo estaba perdida. Por lo menos en Santiago tenemos la Cordillera de Los andes y sabemos que ese es el este. Acà, ni cordillera ni nada: todo plano y el sol sobre mi cabeza. Por suerte, otra vez me alumbrô mi estrella y un taxista me orientô. Resulta que estaba sôlo a una cuadra del metro: sûper buena ubicaciôn, desayuno incluido, seguro, bonito y confortable. Todo por nueve lucas diarias.

Y bueno. Tengo una pieza para mi sola y con ventana hacia la calle. Saldré a recorrer la ciudad.

Primera parada: la iglesia de Sta. Ludmila. Mi primer contacto con la religiosidad de Oriente. Es un lugar poco turîstico, pero estâ cerca del hostal. Sin embargo, casi me voy de culo mirando hacia arriba: las almenas se empinaban hacia el cielo, buscando redenciôn. Acà hasta los cafés tienen algun detalle escultôrico en las azoteas...

Llegô la hora de comer y partî a buscar un lugar donde pudiera comer algo tîpico. En el centro, encontré una taberna tipo medieval, con armaduras y todo, donde vendîan comida checa. Me senté, pedî una cerveza y me trajeron una Budweiser, la original. En eso, apareciô otra chica hablando en inglés y pidiendo comida: resultô ser una ucraniana muy simpàtica, que estaba quedândose en el mismo hostal que yo. Almorzamos juntas y partimos a caminar. Visitamos el Museo Nacional (Narodni Muzeum) y el centro de Praha (algo asî como la Alameda de Stgo, pero el tramo entre Plaza Italia y Paseo Ahumada). De ahî partimos a la Stare Mesto -la ciudad vieja- y paseamos por un par de iglesias, por la Starometske Namesti (plaza central) y las calles estrechas y empedradas. Después de un largo dîa de caminar, volvimos a nuestro hostal a descansar un poco. Por la noche, Anastasya y yo salimos a probar las bondades de la cerveza checa. Dimos bote en tres bares, probando cervezas de todos los colores y luego, nos devolvimos al hostal a pasar la "alegrîa". Ademàs, al dîa siguiente tenîamos que levantarnos temprano para recorrer mâs en profundidad la Stare Mesto.

1 comment:

Marcos said...

Puta que es linda Praga. Yo la conocí en invierno, con 10 grados bajo cero y cubierta de nieve. Así como se ve ahora, con algo de sol, es igualmente la raja. Y sí, las escaleras del metro son enormes. No te olvides de comprar tu pasaje de metro y medio pasaje para tu mochila, que sino te cagan los guardias. Saludos.