Llevo dos agnos viviendo en Parîs y nunca, nunca habîa entrado al Museo del Louvre. No porque no quisiera, porque me quedara lejos o porque no me interesara. Simplemente, me daba miedo. Es tan grande (fue el palacio real durante unos cuantos siglos), tan lleno de arte y de gente, que al final, siempre llegaba hasta la puerta y me devolvîa por donde habîa venido. No me sentîa capaz de "live the experience".
Pero llegô el dîa en que la prima, toda artishta ella, me propuso que fuéramos juntas a visitar al elefante. Cuando le dije que serîa mi primera vez, no me creyô, sobre todo considerando que, como menor de 26 agnos, podîa entrar gratis...
Y fuimos. Un dîa viernes, a las seis de la tarde, entramos al "nocturno" del museo. Algo asî como cuando los malls abren hasta las 12 de la noche, pero en versiôn artîstica: los miércoles y viernes, el Louvre y otros museos de Parîs estàn abiertos hasta las 10 pm.
Una vez dentro, me quedé pegada mirando los pasadizos y escaleras del palacio. Es una obra de arte en sî misma, sin dudas: largos pasadizos conectados por escaleras interminables, làmparas de làgrimas por todos lados, los cielos adornados con frescos de siglos pasados, las puertas de tres metros talladas con sîmbolos reales...eso, sin contar por supuesto las galerîas en sî, que van desde el Egipto y Grecia antiguos hasta la pintura y escultura del siglo XIX. Son tres pisos de arte, màs el subterràneo y otras galerîas paralelas...en fin, interminable.
Y empezamos el recorrido: Egipto antiguo fue la elecciôn, aunque también fuimos a ver de una vez por todas a la Mona Lisa. Chico el cuadrito, rodeado de gente por supuesto. No hay espacio ni calma suficiente para mirar detenidamente esta obra que tanto revuelo causa. Nos devolvemos a los egipcios y en el camino, nos cruzamos con la Nike de Samotracia. Guau, esa sî que es obra de arte. Casi tres metros de escultura representando a esta mujer alada sin cabeza ni brazos, en mascarôn de proa de un barco. Fue mi primer momento breathless.
Con la prima nos recorrimos todo el Egipto antiguo, es decir, tres galerîas enormes y dos pisos de obras de arte. Lo vimos todo: desde el arte funerario, pasando por las mastabas, los artîculos domésticos, papiros, jeroglîficos, sarcôfagos, estatuas, esfinges, etc. etc. Lo mismo que vimos en el colegio y que tuvimos que aprendernos de memoria, ademàs de recortar del Icarito las fotos y pegarlas en los trabajos de Historia. Eso mismo, pero en real. Guau.
Tipo 9 de la noche ya no podîamos màs. No habîamos ni siquiera terminado de ver las ùltimas galerîas egipcias porque ya nos dolîa la cabeza y los pies nos pesaban. Too much. A esas alturas, yo estaba segura que padecîa del Sîndrome de Stendhal...estaba mareada, me dolîa la cabeza, veîa borroso y me pesaban las piernas. Con la prima decidimos salir de ahî porque la sobredosis estética nos habîa pegado fuerte. Salimos del museo y nos fuimos a un café cerca de ahî, a tomar chocolate caliente. Una vez recuperadas del shock, pudimos conversar sobre la visita; ambas coincidimos que, a pesar de lo bello que es, mucho de todo al final nos hostigô.
Sin embargo, volveremos la prôxima semana para seguir con Grecia y Roma...