20 June 2007
Fin de semana en Alsacia
Al este de Francia, hay una region conocida como la "Alsace". Esa misma que conocimos en los cursos de Historia del colegio, cuando nos contaban que Francia y Alemania se peloteaban Alsacia y Lorena a principios del siglo XX, fines del XIX. Al menos para mi era la unica nocion basica que tenia antes de llegar alla.
Resulta que el fin de semana me encontré en medio de la region alsaciana. Flashback instantaneo: de pronto, era como estar en el sur de Chile, rodeada de vacas y caballos y montagnas y un verdor interminable. Me saltaba el corazon a mil por hora, de un momento a otro podia aparecer un huaso a caballo o un pancito amasado recien salido del horno (y con mantequilla de campo)
En fin. En vez de huasos y panes amasados, aparecieron villorrios perdidos a media montagna, pequegnos enclaves humanos de no mas de 300 habitantes, pero perfectamente conectados a internet y con television satelital. Nada que envidiarle a los "metropolitanos" llegados de Paris o Strasbourg.
Pero como en todo pueblo chico el infierno es grande, en dicha comunidad (Wattwiller, que en alsaciano quiere decir algo asi como La Villa del Agua) todos se conocen y se re-conocen. Por supuesto que el deporte favorito de la localidad es el chismorreo de las cinco de la tarde, si no con la vecina puede ser con el cartero o por qué no, con el que te vende el pan en la esquina. Hasta en las mejores familias.
Sin embargo, Wattwiller tiene de simpatico y very typical lo que tiene de escalofriante. Llegar alla es toda una hazagna (cinco horas en tren y luego, media hora en auto subiendo), por ende uno espera encontrarse con las casas de madera, tipicamente germanas, con rosadas matronas que te esperan con kuchenes y strudeles a la hora del te. Pero no. A cambio, a uno lo reciben perfectas casas, todas una junto a la otra, de colores pasteles y sin una sola macula. Si Victor Jara las viera, cantaria con mas ganas: todas tienen antejardin (aqui no se usan mucho las rejas porque no hay mucha necesidad) y una preciosa entrada de auto esperando cualquier cosa menos un Peugeot, porque eso si, nunca tan rasca. Es algo asi como ir a Puerto Varas, pero sin lagos ni "indiecitos" dando vueltas.
Como decia, lo de simpatico y escalofriante van a la par. Uno no sabe que puede encontrarse detras de esas puertas perfectamente talladas ni de esas ventanas con puertitas de madera pintadas de rojo. Casitas de cuento, asi como en Hansel y Gretel. Al principio, claro, uno lo encuentra de lo mas que hay, porque en todos, TODOS, los balcones de esta zona hay arreglos florales. Y pobre del que ose descuidarlos: la pena capital, traducida en gestos de desaprobacion, caera sobre el distraido habitante.
Para los que vieron "The Truman Show", ese es un buen ejemplo para graficar tal atmosfera. Las casas, las gentes, los patios, los antejardines, los autos, todos son perfectos. El primer dia que sali a la calle me senti como la mancha de tinta en la camisa inmaculadamente blanca: la unica morena - de piel y pelo - en medio de 300 rubios/as de todas las tonalidades no pasa desapercibida. Mas aun, si saca fotos con cara de pregunta, tratando de adivinar que pasa detras de tanto arreglo floral.
No obstante, Alsacia es mas que pueblitos con dobles vidas misteriosas. El Parque Regional de Vosges es una maravilla, tal como lo son los parques del sur de Chile. Intensamente verdes, con bichos de todos los tamagnos, caminando en medio de la foresta me senti en casa despues de mucho rato buscando algo que me recordara un poco mi pais. La unica diferencia es el clima, mucho mas humedo, que deja sin respiro hasta al mas aventurero.
Respecto a la comida, nada que criticar: maravillosamente calorica y rica en grasas, los quesos, las carnes, las masas y los champignones hacen maravillas con el colesterol colectivo. Si uno no nacio aqui, mejor venir preparado para el festin obsceno que ofrecen las granjas - restaurantes de la zona. Solo en un fin de semana comi lo suficiente como para pasar tres dias bajo la nieve o en lo mas alto de la montagna. Mis favoritos: las tartas de cerezas, los quesos alsacianos y unos champignones que envenenan los sentidos con su aroma y su sabor.
Al final, despues de unas horas uno se acostumbra un poco a tanto silencio y tanta tranquilidad. Las tardes se pasan en siesta o visitando pueblos aledagnos, que en esta epoca se llenan de Festivales de Arte Contemporaneo, de Musica y de Teatro. Porque aun cuando son villorrios repartidos por la zona alsaciana, todo europeo tiene derecho a disfrutar de manifestaciones artisticas al menos una vez al agno. Y Alsacia, con sus pueblitos perdidos, no es la excepcion.
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